Creer o no creer.
Es un error caer en categorías jurídicas vetustas y realizar juicios morales al respecto de las mismas.
El recientemente aprobado proyecto de “Papel prensa” fue denunciado como una amenaza para la libertad de prensa.
Hablar de libertad de prensa en un sistema económico/jurídico rentístico y “democrático” es como mínimo abstracto.
Uno de los peores defectos que tiene la libertad de prensa es su contracara, la censura.
En una de las versiones de la historia del príncipe Siddharta, se cuenta que nunca había salido de su palacio (se estima que tenía veinticinco años).
El palacio estaba repleto de bellísimas mujeres, eunucos a su disposición y de las más variadas delicias.
Un día bordeando los límites del palacio escucha un lamento.
A partir de allí se obstina en querer conocer el mundo exterior.
Lo tienen que llevar a conocer el mundo fuera de su palacio, el cual estaba repleto de miseria y suciedad. Preparan un recorrido para que haga el príncipe, un recorrido en el que fuera todo bello y solo hubiera gente linda. Lo hacen. En medio del recorrido se filtra entra la gente un mendigo, desnutrido y sucio.
Allí Siddharta descubre “la realidad” que lo rodeaba y decide salir al mundo a descubrir esa realidad.
En el caso de muchos gobiernos latinoamericanos sucede al revés. Nunca faltan quienes pretenden llevar a sus líderes del mundo para encerrarlos en palacios.
La censura tiene una doble cara, por un lado el inobjetable hecho de impedir que una voz sea oída y por el otro el hecho de que ese impedimento no esta producido por una acción sino por una omisión, en nuestro sistema, la omisión es que el Estado no provea de “Pauta oficial”.
Por un lado si el reparto de pauta se tiene que realizar a partir de las ventas de los medios vigentes es una manera de potenciar el status quo.
Si por otro lado, el reparto de pauta se hace a discreción se puede gastar parte del erario público en caprichos para complacer al gobernante de turno.
Esta es la relativización que tanto mal le hace al concepto de “Libertad de prensa” y por lo cual hace que su vigencia sea como mínimo discutible y lo discutible, cuando es discutido persistentemente, tiene la característica de convertirse en un plebiscito del pensamiento popular.
Por eso que no sirve la libertad de prensa o al menos “la censura” como categoría jurídica/moral para la discusión. Si a esta circunstancia se le suma la existencia/incorporación de Internet en la vida cotidiana, en la que casi cualquier persona puede tener acceso, lo que vemos es que más que una limitación a la libertad de expresión, el bien a tutelar es la libertad de lectura.
En el caso particular de nuestro país, no me da miedo que por actos de gobierno se “censuren” voces para que no escuchemos, siempre existen canales alternativos de comunicación y esto ya ni siquiera tiene que ver con el ser argentino sino con la propia condición humana.
Confío no solamente en la soberanía intelectual y la capacidad de rebeldía del pueblo (de cualquier pueblo, no solo del nuestro) frente a lo que se considera injusto, sino también de las elecciones que el pueblo también hace, en este caso haber elegido y votado tan masivamente a una Presidente con tanta audacia como Cristina Fernández de Kirchner.
Tenemos una Presidente que no subestima a nadie, si así fuera no se daría ninguna lucha y para bien o para mal si algo no se puede decir de este gobierno es que no ha luchado.
Puntualmente Clarín y La Nación creyeron que los interlocutores en la lucha eran ellos, pusieron a los políticos frente a la posibilidad de estar a favor de ellos o en contra de ellos y “de la libertad de prensa”.
También subestimaron al pueblo, porque lo pusieron en la misma situación.
Clarín y La Nación destruyeron paulatinamente a los políticos.
Y todo fue: “… por las dudas”. Que en definitiva no eran derechos, sino negocios.
El miedo a la ausencia de “libertad de prensa” es un signo de sentirse incapaz de rebelarse frente a lo injusto.
Si un “medio” de comunicación de nuestros tiempos se entiende como un “fin” de comunicación (o una institución de la democracia/república) significa que se ha desnaturalizado y desviado hacia causes que tampoco eran sanos para la vida social/cultural de un país.
En definitiva, Clarín y La Nación perdieron la discusión sobre el control del poder y además -y más importante aún-, perdieron el poder.
El kirchnerismo reconfiguró la forma de control mediático y hay que entenderlo porque el modelo “se profundiza” continuamente.
Ah… Y un consejo a La Nación y Clarín:
Se les avejentó el personal y el mundo cambió sin que se den cuenta, porque mientras discutían esto, un pibe con su compu en Río Negro creó un portal (Cuevana) y el sí que es perseguido por las corporaciones para condicionar “lo que se permite” por sobre lo que no.
Tienen, en definitiva, que volver a creer en el pueblo.




