“El sueño americano es precisamente un intento de borrar el sueño de
existencia. El sueño ocurre espontáneamente y, por tanto, es peligroso
para un sistema de control creado por la falta de soñadores.” William Burroughs
Es un tema recurrente en mis columnas la cuestión de los sueños pero es que estoy totalmente convencido de que sin un objetivo no se puede generar una organización capaz de transformar la realidad para el beneficio de la mayor cantidad de personas posibles, el mismo Mariano Moreno en su “Plan revolucionario de operaciones” ya lo anticipaba así.
La frase de Burroughs me resulta una justa manera de tratar la cuestión de los sueños colectivos, los sueños individuales y qué es lo que se supone que debe resultar como disparador.
La diferencia teórica que puede resultar abstracta y parecer lejana a la realidad radica en el hecho de que a mi entender ambas situaciones en el mediano plazo tienen los mismos efectos, alcanzan un punto de equilibrio común y luego se diferencian.
El sueño colectivo (y no los sueños colectivos)
“Cuando dos personas están de acuerdo en todo, significa que uno de ellos está pensando por el otro” decía Sigmund Freud. La imposición y generación de un sueño colectivo implica premeditación, organización y persistencia para persuadir de lo que se debe considerar como un marco ideal de vida individual y colectiva.
Si bien a simple y primera vista puede parecer más noble “el sueño colectivo”, porque “es compartido por la mayor cantidad de personas” considero que allí hay tejida una trampa.
Esta trampa radica justamente en que el sueño tiene que servir para organizar, porque si el sueño ya viene organizado para organizar implica que los que organizaron previamente la imposición del sueño se van a encontrar en una situación de control en la que un grupo minoritario toma decisiones respecto de una mayoría moldeada.
No en vano Harold Laswell, el creador de la carrera de Cs. políticas en el mundo justificaba su necesidad en la generación de una ilusión que provea al pueblo de la esperanza suficiente para que se sienta satisfecha y atada al sistema, porque “no se puede sucumbir al dogmatismo democrático de dejar las grandes decisiones en manos del pueblo”.
Un ejemplo de los últimos tiempos es Brasil. Hay una excelente nota de Jorge Lanata en la que se trata este tema justamente “Si Nueva York es la capital del sueño, Río de Janeiro es la del deseo: esta ciudad está llena de frutas, y de camisas entreabiertas, y los cariocas corren contra el tiempo desde las seis de la mañana en la Avenida Atlántica y caen muertos de un paro cardíaco, en línea y con una sonrisa. Los cariocas deitan. Deitar es algo así como enrrollarse con el piso, como un gato. Deitan y rolan. Ahora, para colmo, intuyen un destino de grandeza. Los sociólogos llaman a eso “clase C”, para los cariocas significa que quizá puedan comprarse un lavarropas, o un plasma, o edificar un pisito arriba, será que las putas tendrán mas turistas que llegarán antes a su sueño imposible del negocito propio allá donde nadie las conozca”.
A los brasileros, al igual que los estadounidenses y la mayoría de las sociedades occidentales “nuevas” que en algún momento despegaron y se desarrollaron distinguiéndose del resto (no desarrollados, o en vías de…) se les impuso un sueño. La imposición de ese sueño colectivo surge como necesidad por alcanzar la madurez de una conciencia nacional que muchas veces es creada y mantenida con alfileres y que en el caso de los países europeos es producto de una historia lineal que lleva incluso más de dos mil años.
El alma no se hereda.
No faltan en Argentina quienes advierten que “el modelo es Brasil”. Es decir, la organización de ese sueño colectivo impuesto para controlar los sueños del Brasil ahora se lo toma como modelo para que nuestro país importe el alma de nuestro vecino. Hay algo que no puede estar del todo bien, hay algo que no huele bien. No falta incluso el mensaje de “somos un país más chico que Brasil, lo lógico es que seamos el Canadá de Brasil, porque además en Canadá viven mejor que en Estados Unidos” ¿Es tan lineal la realidad?
No le quiero quitar mérito al libro “El secreto” que tan bien hace a la autoestima de quienes lo necesitan, pero con el deseo no alcanza.
Sueño individual
Creo que la diferencia esencial radica en que el sueño individual si bien esta afectado por la configuración de lo que está bien y lo que está mal y que a su vez se deriva del intento de prefiguración que aspira a generar un grupo de control, no se quita mérito a la posibilidad de que a veces pueda surgir un sueño genuino, original y que marque no solo a una sociedad sino a muchas otras sociedades.
Porque tal vez esos sueños que no son los que presumimos como “colectivos” resultan ser los que vienen a saciar esa necesidad de la que nos despoja el sistema de producción capitalista y la alienación (que con la impronta del uso de la tecnología se hace cada vez más difícil de rebatir la enemistad del hombre consigo mismo en la generalidad de los casos) y es que se propone algo distinto que la sociología lineal no contempla como posible.
Quizás porque esos sueños, como el de Luther King o el de Gandhi que son los 2 casos más emblemáticos del siglo veinte tenían 3 elementos que pueden servir para entender las bondades que debe poseer un sueño individual:
Justicia, honestidad y necesariedad. Elementos que tienen que existir de un modo tan profundo que sea capaz de trascender la barrera de la pasión, al punto de generar una conciencia de sacrificio en pro de la misma sin coacción alguna.
Por eso tal vez Juan Perón y Evita en la escala nacional se convirtieron en el símbolo de que “Lo primero son los más necesitados y la mejor forma de ayudarlos es con trabajo y si no se puede, con ayuda del Estado, sea como sea”.
La natural evolución del sueño de Perón llevó a que un hombre corrija el “sea como sea” e hizo que (con las diferencias históricas y contextuales, más que ideológicas) el sueño de Alfonsín haga que en el 2010 se hable de la necesidad de República para poder ayudar mejor al pueblo (no solo al que poco o nada tiene, sino también al que algo o mucho sí tiene).
Llegar a la síntesis del sueño argentino me hace pensar que tal vez sea momento de pensar cual va a ser el próximo paso porque la síntesis como momento no es una necesidad sino una realidad y la realidad fue hecha para ser superada no porque lo diga yo, sino porque el paso del tiempo es inevitable.
¿No sería ideal un conglomerado de soñadores? Con esto, no es que mi sueño sea soñar sueños de soñadores sino que mientras más justo, honesto y necesario sea el pensar y sentir de la conciencia individual, mejor será el colectivo que nos lleve a ser verdaderamente una Nación. El sueño colectivo, no es más que una palabra linda disfrazando una posibilidad de desventaja, que finalmente puede volver un deseo solemne en una pesadilla

