El matasanos
Publicado por Sebastian H en Mayo 7, 2008
Ir al médico es, ha sido y será una experiencia desagradable para todo el que no sea hipocondríaco compulsivo. Es decir, uno va al “matasanos” porque se siente mal, y si partimos de esa base es imposible que semejante suceso resulte placentero.
Tampoco cae bien al bolsillo. Entre la atención medica y los medicamentos, si no disponés de una obra social que absorba parte de los gastos, puede ser un golpe devastador al bolsillo del joven perdido, que ya de por sí tiene que hacer malabares económicos dignos de admiracion circense entre vivienda, comida, libros y salidas (muchas veces invertiendo el orden de importancia, pero esa ya es otra historia).
Por eso es que levantarse una mañana con fiebre alucinatoria, el cuerpo dolorido sin “nueva rutina en el gym” a la que culpar, y la sensación de tener un mono tití desgarrándote la garganta cada vez que tragás representa el doble dilema de tener que faltar al trabajo (por lo cual vas a perder la oportunidad de hacer dinero), e ir al “matasanos” (por lo cual vas a perder aún mas dinero).
Entonces, como a ningún jefe le cae simpático que un empleado contamine todo el ambiente laboral con su moco amarillento y su cara de muerto-en-vida, el proceso lógico llevado a cabo por cualquiera resulta del tipo “Y bueh… no voy al médico, me tomo una aspirineta de las que me daba mi vieja y fué”.
Y al otro día, “cualquiera” sale de su departamento en una bolsa negra.
Bueno, quizás haya exagerado un poco el resultado final. Nadie puede morir de una angina, ¿no? A menos que surgan complicaciones. Y se las desestime. Y empeore el cuadro. Y sigamos negándonos a la atención medica porque necesitamos esos 50 pesos para pagar el celu, o no tenemos quién nos lleve. Y se sumen nuevos síntomas.
Y ahí sì, bolsa negra.
También está el que se pasa de rosca, y en vez de aspirineta se hace un cóctel de Ibupirac Forte, Bayaspirina C, Cafiaspirina y otras pastillas de dudosa procedencia, hace una masilla y las baja con un litro de jugo de naranja al tiempo que se frota el pecho con Vic Vaporub y no se separa de la estufa (o las hornallas de la cocina…) sin dos pulóveres de lana, bufanda hasta la nariz y gorrito con orejeras importado de la cordillera.
¿Resultado? El caldo de cultivo perfecto para la creación de un super-virus peor que la Gripe Aviar y la Peste Bubónica combinadas, una cepa resistente a todos los antibióticos concebidos por científicos suizos en búnkers remotos y escondidos bajo tierra que acabará con la vida sobre el planeta y reinará indiscutida por millones de años.
En otras palabras, bolsa negra para todos.
Los médicos tienen una raison d’etre, y no es sólamente por alimentar sus complejos de Dios y decidir quién muere y quién vive con el gran poder y la gran responsabilidad otorgados por la araña radiactiva de la Facultad de Medicina. Estan ahí para que, si nos sentimos particularmente mal y el Ibupirac ocasional no ayuda, acudamos a ellos. Para controlar que los síntomas se desenvuelvan con normalidad, y frenar la posibilidad de recaídas.
La automedicación puede ser tan dañina como la enfermedad, pero no confíen en la palabra de otro perdido: pregunten a cualquiera con un cuadro crónico de faringitis, resultado de interrumpir tratamiento tras tratamiento porque “ya se sentía mejor”.
Tampoco vamos a ser ajenos a la realidad argenta, y pretender que todos tenemos a disposición una clínica privada , en donde recepcionistas sonrientes te hacen pasar inmediatamente al consultorio para ser atendido con meticulosidad por el médico de turno. Los hospitales públicos, aunque una lamentable segunda opción, siguen estando ahí.
Aunque considerando que es más probable contraer el doble de enfermedades mientras te meten en una sala de espera superpoblada, con una demora de cinco horas para que un médico ojeroso te eche un vistazo rápido y pronuncie su veredicto absoluto e indiscutible de “… tomate esto, unos días de reposo y cuidate del frío” antes que la enfermera te saque a empujones mientras llama a gritos al próximo número en la lista, siempre vale más invertir unos pesos del sueldo en una obra social (aunque sea de medio pelo) a lamentarlo más tarde.




Mayo 7, 2008 en 2:42 pm
ADEMÁS , EN PINAMAR , CAPAZ QUE TE ATIENDE EL CONCEJAL , QUE ADEMÁS ES MÉDICO (?)
Mayo 7, 2008 en 4:11 pm
jajajajaja formidable Seba, muy muy bueno, qué bronca cuando íbamos al teatro y vos con tu fucking sinusitis no parabas de hacer ruidos chabón, que pesau…
Como dijo un amigo, “Venga a Pinamar turismo sano, donde los médicos no le Errasquin”
Mayo 8, 2008 en 9:54 am
jajajajjajaj que groso Seba! nunca decepcionan tus notas Seba!