Humores amorosos
Publicado por Sebastian H en Marzo 31, 2008
Hoy en día, es raro entrar a una librería y no encontrar al menos una estantería repleta hasta el cielorraso de libros de auto-ayuda. Esos con títulos como “La Felicidad en dos saltitos”, “¿Quién se ha llevado mi bondiola?” o “Maquiavelo Reloaded”. Pero hay una clase de libro en particular que siempre me llama la atención: los manuales de conquista del sexo femenino.
Sea por mi condición de soltería crónica, curiosidad innata que nunca termina de matar al gato o simple embole por no encontrar algo de Esteban Rey que no sepa ya de memoria, a veces me encuentro hojeando estos libros que prometen en sus contraportadas hacer del más tímido espécimen masculino una especie de mezcla testosterónica entre Rocco Siffredi y Sandro.
Desde el índice mismo se ofrecen tips de aseo personal, chamuyos para distintas ocasiones, “insights” de la mente femenina (¿se habrán maileado con Nick Marshall?), estadísticas de ligues ( la infame “100 intentos, 10 logros” es la que más me molesta: si tenés la autoestima para bancarte 90 rebotes, es bastante claro que el manual no aplica a tu carácter), mentalidades positivas a desarrollar y demás yerbas.
Es innegable que existe un público importante para este tipo de obras, desde el que lo compra a escondidas y lo mantiene oculto en el cajón de la ropa interior como si de revistas porno en la casa de la vieja se tratase, hasta el que mantiene una biblioteca especializada en su living.
Tampoco sería honesto afirmar que son enteramente inútiles. Después de todo, no estamos hablando de “métodos comprobados para ganar la lotería”, sino de aspectos psicológicos susceptibles de cambio a través del ensayo-y-error.
Porque la naturaleza es tan sabia como retorcida. Con la mujer que no te calienta aunque te rocíe de nafta y acerque un fósforo, podés hablar libremente y exhibir las amplias dotes de ingenio, oratoria y seguridad en sí mismo que ni reconocías tener. Pero exige un verdadero esfuerzo mental hacer lo mismo con ese fetiche de tus sueños que se sienta a tu lado en la facultad, te pide un apunte prestado y sonríe como si Dios estuviera en su cielo y todo estuviera bien en el mundo. La lengua se te traba, balbuceas incoherencias y lo más probable es que pases el resto de la clase mirándola de reojo y fantaseando escenarios de novela rosa (esas que esconderías junto a los manuales, claro).
Estos bloqueos son uno de los aspectos de la personalidad más jodidos para cambiar, gracias a la enorme cantidad de barreras que podemos idear para mantenerlos en pie. Como el exquisito que “sólo sale con pelirrojas de metro ochenta, atributos generosos y que sepan recitar El Manifiesto Comunista de memoria”, el enamoradizo que ahuyenta al sexo femenino con su discurso de “Sos el amor de mi vida, no me dejes o me mato” tras la primera cita, el necesitado de soporte emocional que piensa que una novia le va a solucionar la vida, etc.
Todos tenemos un poco (o mucho) de estos caracteres. Dependiendo de lo que hagamos con ellos, vamos a tener una vida amorosa satisfactoria o destructiva. Pero algo importante a recordar es que la vida amorosa es una parte, un aspecto más de la vida. Sentirse algo bajoneado porque “la rubiecita de Medicina no me dió bola” está bien y comprensible, pero de ahí a deprimirse, hacerse emo y escuchar temas de Arjona en la oscuridad de tu habitación…
Pienso que es precisamente en este aspecto, en el que muchos de los denominados manuales de conquista fallan. Hacen pensar al lector que conseguir pareja es algo indispensable, imprescindible e impensable el no intentarlo; mientras que abogan a proyectar una imagen de uno mismo basada, precisamente, en todo lo contrario.
Ojo, que la aclaración de “muchos” no está ahí por sumar palabras nomás. Cada tanto me encuentro con libros entretenidos, que van más allá de las formulitas genéricas de conquista que cualquiera con dos dedos de frente conoce (pero pocos aplican, y por eso tanto éxito de ventas) para presentar un panorama distinto, entretenido y menos Casanóvico. Libros como los de Fabio Fusaro que, cuando menos, te hacen reír un rato. O el Arte de Amar de Fromm, que aunque no pertenezca a la categoría de manual de conquista es una obra filosófica de lectura breve pero que invita a reflexionar.
Sin humor no somos nada. Y esto sí que es cierto para todos los aspectos de la vida: si el buen humor fuese más contagioso, no tendríamos ni la mitad de los problemas que nos acechan a diario. Es por eso que soy de la opinión que la mejor manera de buscar una relación amorosa es hacerlo con buen humor.
Si invitaste a salir a alguien y te cortó el rostro, reíte de la situación que todos vivimos con pena alguna vez.
Si te animaste por fin a hablarle a tu fetiche de turno y el temido “Efecto Rainman” se hizo presente, reíte y contáselo a tus amigos.
Si pensás que el amor de tu vida está a la vuelta de la esquina, reíte de tu propia ingenuidad.
No te asegura resultados, pero seguro que te vas a hacer menos mala sangre por algo que, al fin y al cabo, es hermosamente problemático. ¿Y cuando acaso se nos niegan los problemas?




Marzo 31, 2008 en 2:36 pm
jajajaja Grosso Seba…
Si sabrá ud de rubiecitas e histericonas, yo por ahora me gané la lotería vamo a ve cuanto noj duuura noo?
Los últimos serán los primeros?
Abril 1, 2008 en 12:33 pm
hay un libro de la coleccion de la editorial de la universidad de quilmes, (la editorial de matematica estas ahi? de paenza), que se llama “Sexo, Drogas y biología (y también algo de rock n’ rol)” leanlo, esta muy bueno, habla de estas cosas a nivel biologico, antropologico, sociologico, filosofico, muy bueno, tan bueno como la nota de Seba!!! una cosa de locos!!! un abrazo grande.