El Picadito
Publicado por Sebastian H en Marzo 25, 2008
Sábado a la mañana. La resaca del viernes. El primer día de la semana que podés apagar la alarma y seguir torrando sin sentir culpa alguna. Pero es inevitable que alguien (amigo, conocido, flaco que consiguió tu celu andá a saber cómo) mande un mensajito alrededor del mediodía, con las únicas palabras capaces de arrancarte de la almohada: “Pinta fútbol?”
Porque el fin de semana es el momento del picadito, de la cancha de papi, del fútbol 5 (u 8, dependiendo de cuántos llegan a juntarse, y de si la respuesta a “che, ¿llegamos para dos canchas?” es o no afirmativa). Durante la semana juegan los semi-profesionales, los equipos de 11 bien formados que, como artefacto de relojería suiza, ejecutan jugadas impecables sacadas de la pizarra del Bielsa de turno.
Pero el fin de semana es la gloria del jugador casual, aquel que como valiente guerrero espartano salva sus energías para el encuentro atemporal que se da en la cancha “a la tardecita, así le damos tiempo a los que están más lejos de llegar”. Los campos de batalla son variados: desde el complejo de Plaza Las Heras, con pastito artificial y un poco de arenilla para el agarre (y para destrozarte las rodillas si llegás a barrerte mal), hasta la cancha de Matheu-abajo-de-la-autopista (con esta indicación alcanza y sobra para el integrante de esta categoría tan especial), con su superficie venida a menos pero el alegror intacto, como debe ser.
La conformación de un equipo ya es un tema especial, de por sí. Estamos hablando de un grupo de gente con habilidades y formas de juego a menudo muy distintas entre sí, que sin embargo conforman una unidad por un par de horas semanales para arrancar la gloria de las manos del rival.
Un grupo que puede, o no, incluír cualquiera de las siguientes categorías:
El Habilidoso: Su posición natural es arriba, siempre al ataque. Es muy raro verlo bajar a la defensa, prefiriendo hacer señas especializadas para que se la pasen sin demora en el contrataque. Y lo peor es que agarra cualquier pase: al pecho, de pisadita, media vuelta o rebotándola por encima del contrincante, este pibe es un milagro estadístico, puro potrero en acción. Claro que tiene sus contras: una vez recibe la pelota, no la va a largar hasta meter el gol o perderla, provocando la exasperación en sus compañeros que le gritan, desaforados, “¡PASALA, COMILÓN!”.
El Mala Leche: Es el receptor natural de todas las puteadas, las miradas de odio y los cuerpos violentos del partido. Quizás no sea mal flaco fuera de la cancha, pero una vez dentro se las ingenia para dejar a su marca en el piso, la mitad de las veces lesionada. Sea por maldad o torpeza, este jugador intentará cosas tan simples como despejar la pelota… resultando en un puntinazo a la gamba del pobre diablo que tenga enfrente. Cuando mete cuerpo, su codo es lo primero que hace contacto con las costillas del rival. Y ni hablar de barrerse: es un arma mortal de la que nadie sale indemne. Salvo, quizás, la Mole.
La Mole: Apodado “chiqui” por los amigos, este jugador se encuentra más cómodo en el medio, en donde es capaz de ejercer presión sin preocuparse por tener que “correr al pedo”. Temido y alabado a la vez, este monumento al empeño futbolero es un defensa formidable: soy testigo personal de un caso en el que, tras pisar la pelota, le resulto imposible (con barrida incluida) a un Habilidoso quitársela. Asimismo, suele ser generoso con los pases, que además coloca con particular elegancia. Su punto débil son los partidos prolongados y tener que hacer más de 3 pasos para interceptar un jugador rival.
El Pulpo: La mejor última línea de defensa que un equipo podría desear. Este tipo de arquero, muy cotizado en la canchita por poseer el doble valor de evitar los goles y salvar a los demás de la odiada rotación al arco, es virtualmente imposible de pasar con una defensa que lo complemente. No sólo evita los rebotes, sino que es un kamikaze natural: al grito de “¡Pegale como hombre!” pondrá el cuerpo a cualquier cañonazo que le tiren, o se burlará sin piedad de los que intenten meterle un caño. Al menos hasta chocarse con una buena pared de Habilidosos, en cuyo caso se callará la boca o mascullará contra su propia defensa.
El Karateca: Una derivación natural del Mala Leche, este jugador nunca aprendió a usar nada más que los pies. No cabecea, ni la baja de pecho aunque le venga regalada. Cuando el pase no viene al ras del suelo, su movimiento ofensivo natural es la plancha. Su posición preferida es la defensa, aunque existen algunos especímenes de este tipo que se dedican al arco, con resultados tan risibles como desastrosos.
El Boqueador: Un aspirante a D.T. que, tras jugar demasiado al winning o ver demasiadas conferencias de prensa, piensa que la estrategia es su fuerte. Con una mirada rápida pretende captar toda la situación y dirigir a los demás a sus posiciones, puteadas incluidas por no hacerle caso al instante. Por supuesto que sus órdenes son autodestructivas en esencia: es capaz de mandar a un nueve natural, con gambas de acero y mirada de gol, a la defensa. Sumado a su inhabilidad para reconocer los propios errores (el pase perdido siempre será culpa del otro, sea por no dársela a los pies o medir menos de tres metros para bajar de pechito su “pase estratosférico”), es una de las razas más agitadoras, y nunca falta el Mala Leche del propio equipo que termina bajándolo para callarlo de una vez.
El Despatarrado: A primera vista, este jugador parece sufrir de fallas elementales en su coordinación motriz: corre, citando la genialidad de un conocido, “como chico de departamento”, y suele enredarse con sus propios pies. Pero aquel que lo menosprecia sufre las consecuencias de una habilidad escondida e inesperada, pues es muy capaz de realizar pases inéditos, centros de envidiable perfección y hasta la ocasional gambeta (sin la gracia de un Habilidoso natural, claro). Suele chocar mucho con el Mala Leche, duplicando al instante la torpeza de los movimientos de ambos, así como las lesiones resultantes.
El Ambicioso: Podría ser un jugador estrella, pues sabe deshacerse de una marca, realizar pases bajo presión, y por si fuera poco es poseedor de una habilidad innata para pararse en el lugar menos esperado por sus rivales. Desgraciadamente, su talón de Aquiles es, precisamente, lo que caracteriza a un jugador estrella: tiene menos definición que un televisor blanco y negro. Su peor enemigo es él mismo. Su mejor amigo, el arquero contrario. A pesar del número creciente de intentos fallidos, siempre intenta meter goles de media volea, chilena, rabona, tijera y/o cualquier combinación de movimientos sacados de las propagandas de Joga Bonito, incitando la ira del Boqueador que no para de decirle cosas como “¡metelo como sea, pero METELO!”.
El Pata Dura: Es el anti-jugador. El principiante. El “newbie”. Como sea que se lo llame, todos fuimos como él alguna vez, salvo que mientras la mayoría superó esta etapa alrededor de los 5 años, este espécimen de pura ineptitud para el balónpie se encuentra irremediablemente estancado en ella. Lo peor es el entusiasmo que demuestra por el deporte, y la aparente y total ausencia de auto-crítica, tan necesaria para convencerlo de ampliar sus horizontes deportivos. O, al menos, de acatar una orden de restricción de 100 metros contra toda canchita de papi. El único remedio conocido contra este tipo de jugador es la vieja y conocida “aunque no esté marcado, preferible tirarla al córner”, aplicable a los 5 minutos del partido o primer gol en contra, lo que suceda primero.
Claro que, si no sentís una identificación con cualquiera de estas categorías, siempre existe la posibilidad de descubrir una propia. Porque la belleza del picadito radica tanto en su colorido y variedad, como por estar siempre al alcance de cualquiera con un grupo de amigos y ganas de correr un rato, gritar, emocionarse y pasarla bien. Y creo que esa es la verdadera esencia detrás del saber popular tan bien expresado con seis palabritas, nomás: “¡Pero que lindo es el fútbol!”.




Marzo 25, 2008 en 2:55 pm
jajajaja buenisimo Seba! una gloria descriptiva lo suyo!
este sabado (si pinta fulbito) espero no cruzarme con ningun “karateca” como el sabado pasado que quede tendido en el piso!!
Marzo 25, 2008 en 3:04 pm
jajajaja aguante el despatarradoooo looocoooo
excelsiooo seeebaaa
Marzo 25, 2008 en 3:52 pm
jaja muy bueno mr heredia.
mis amigos me conocen, y quizas esten de acuerdo…
creo ser el “ambicioso” … al 90% dejo un 10 % de error para los “precisos”.
saludos desde un lugar lejano.
Marzo 25, 2008 en 3:54 pm
guille benitez es una mezcla de la mole y el boqueador … no cabe duda.
Marzo 26, 2008 en 1:15 pm
mmm queda alguna duda que soy la mole?
Y tincho te diria que hay en guille tenes que agregarle “el mala leche”
Marzo 27, 2008 en 10:02 am
jajaj muy buenas las descripciones
a ver cuando arman un partidito aca en pina loco les dejo el celu si avisan voy
15441651
Marzo 27, 2008 en 8:58 pm
jajaj muy bueno seba,
te daria ejemplos de cada uno,pero nono, jaj muy bueno lo que escribiste,el despatarrado me mato jajaj!! saludoss