Heridas de nuestros padres
Publicado por Sebastian H en Marzo 24, 2008
Como tantos otros jóvenes de mi generación, tuve la fortuna de crecer en tiempos de democracia. Mis padres, no. Amigos de mis padres, tampoco. Primos, tíos, abuelos; muchos de ellos sobrevivieron el período del ‘76 al ‘83 con una mezcla de horror, miedo y profunda desesperación.
Quiero enfatizar este hecho: no estamos hablando de sucesos históricos que involucren a figuras como Belgrano, Sarmiento o San Martín, lejanos pero presentes en cierta manera a través de libros de texto y manuales escolares. La Dictadura es una herida todavía abierta en las venas de nuestro país, un tajo malicioso que la ignorancia de la mayoría solamente contribuye a descuidar el tratamiento que requiere.
Es precisamente por esta cercanía que encontrarse con un artículo como el publicado por el diario Clarín el pasado 22 de Mayo (“Más de la mitad de la gente no sabe la razón del feriado del lunes”) resulta, en cierta medida, descorazonador. Y digo “en cierta medida” pues, a pesar de este desconocimiento puntual, dudo que exista argentino, de la edad que sea, que permanezca ignorante de lo que fue la Dictadura.
Ahora bien, de lo que representó para nuestros padres, primos, tíos, abuelos… Ya es otro tema. Es difícil ponerse en los zapatos de otro, y mucho más cuando estamos hablando de épocas distintas, pero ¿puede acaso imaginarse uno el vivir en una cercanía tan constante al horror?
¿Imaginar, con todos los matices de realidad y sentimientos involucrados en la experiencia real, lo que se siente llegar un día a tu lugar de trabajo, y preguntarse si la ausencia de tal compañero se deberá a una enfermedad o a una visita nocturna de agentes del Estado?
¿Sentir miedo de ser el próximo, tan sólo por aparecer la propia dirección en la libreta del desaparecido?
Y, por encima de todo y a pesar de la flagrante violación constante de los derechos que nos hacen humanos, ¿no poder hablar con nadie de ello?
Difícil, ¿no? Pero necesario.
Sin la memoria, no existe aprendizaje posible. Y todo aprendizaje se da a través de la información, como la provista por libros como el “Nunca Más” (de lectura cruda y sin tapujos, el primer paso que se dió en dirección a un nivel de esclarecimiento hasta ese momento evitado) o la web oficial del Gobierno (con informes claros y líneas temporales para ayudar a la comprensión).
No dejemos que la Historia se vuelva, una vez más, tema de ficción.




Marzo 24, 2008 en 11:04 pm
Seba, me gustó el punto de vista de como encaraste el tema, creo que fue claro y facil de comprender, como el de Malu; es importante caer en que muchisima gente no sabe, o no tiene mucho conocimiento sobre la época de la dictadura, creo que está bueno que Ideas Pinamar, cumpla de cierto modo, esta manera sencilla y practica de poder INFORMAR tanto a la gente con esos conocimientos básicos, como a los que les interesa compartir puntos de vista mas profundos con conocimientos previos…
Un abrazo grande, esperaba poder verte por Pina en estos dias.. pero bueh.
Marzo 25, 2008 en 1:03 am
Me parece una muy buena reflexion acerca del pasado de la Argentina, da gusto saber que a pesar de la ignorancia de muchos jovenes como nosotros respecto del tema, todavia quedan mentes con ideales, no ajenas a la realidad y el pasado social y politico del pais…
Estudio derecho y por supuesto sabemos que a todo gobierno, democratico o no, le conviene un pueblo ignorante asi es mas facil manejarlo, es por eso que se llevo a cabo la mas cruel dictadura en aquella epoca, donde existia una generacion de jovenes pensantes, con ideales y ganas de cambiar el mundo. Lamentablemente, como vos dijiste, estoy y estamos frente a una generacion la cual se muestra en su mayoria desinteresada ante estos temas, pero por suerte no todos somos asi…
Te felicito por el escrito…
besos.
Marzo 25, 2008 en 10:34 am
flor, eso de que al gobierno le conviene un pueblo ignorante es un mito, como el de San Martin cruzando la cordillera a caballo blanco. El gobierno necesita de gente capacitada hoy en día, ya que vas a la facultad de derecho, agarra el diario “La U” (si es que vas a la UBA) y fijate la cantidad de investigaciones subvencionadas por el gobierno, que se venden al exterior, por mucha mas plata que la soja.