Del bosque de pinos a la jungla de asfalto
Publicado por Sebastian H en Marzo 10, 2008
‘Menos preocupaciones’
‘Hasta tengo mi propia habitación’
‘Aporto un poco a casa, y el grosso me lo puedo gastar para mí’
Pensamientos así circulan a diario, en Capital Federal, por las cabezas de la gran mayoría de chicos y chicas en edad de empezar la facultad. Se refieren a una situación que se viene dando mucho en los últimos años: cada vez son más los que retrasan el ‘vuelo del nido’ para iniciar una vida adulta propiamente dicha.
Más allá de la decisión personal de quedarse en la casa de los viejos, hay otros factores importantes que influyen en este fenómeno: los precios de los alquileres son inaccesibles para un estudiante que recien entra al mercado laboral, las libertades que los padres otorgan son mucho más amplias con respecto a las que ellos mismos recibían de sus propios padres, y la institución de la familia se ha visto deformada al punto que ya no existe, prácticamente, un ‘cabeza de familia’ cuyas decisiones se respetan sin discusión, sino más bien una democracia con el poder inclinado hacia las masas adolescentes.
Aunque sean cuestiones que merecen (y han recibido) una buena dosis de análisis, no es lo que pretendo. Porque en Pinamar se vive exactamente la situación contraria: el desarraigo forzado de los chicos. A la hora de elegir una carrera universitaria, las opciones son tan claras como terminantes: preparen las valijas, porque les espera un largo viaje por delante.
La falta de entidades universitarias en el partido nos obliga a elegir el destino lejos de casa, muchas veces de acuerdo a la propia situación económica: en Mar del Plata abundan los alquileres baratos, así como universidades privadas para casi cualquier carrera por la que sintamos vocación. Por otro lado, tanto La Plata como Capital Federal reciben una importante alfuencia de egresados pinamarenses, dado el prestigio de las universidades nacionales en ambas locaciones.
Sea donde sea, hay un hecho que no cambia: haber crecido en una burbuja aislada de la realidad nacional como lo es Pinamar, no ayuda a la hora de enfrentarse a lo masiva que puede resultar una ciudad propiamente dicha para el desprevenido estudiante. Los viajes de 40′ en bondis atestados o subtes claustrofóbicos para ir a cualquier lado (la Guía T se convertirá en tu fiel compañera de aventuras tras la primera vez de seguir las indicaciones de un kiosquero, tomarte el bondi al revés y acabar en Villa Fiorito), las marchas y manifestaciones (si tu recorrido incluye Plaza de Mayo, lo más probable es que llegues tarde), los robos y evitar circular por determinados lugares a determinadas horas (Plaza Once a las 5 de la mañana de un día de semana equivale a colgarse un cartel de “robame” en la espalda), las casi infinitas oportunidades de derrochar el tiempo que ofrece cualquier gran metrópolis (bares, pubs, boliches, y plazas para todos los gustos y tamaños de billeteras), son algunas de las nuevas situaciones a las que debemos enfrentarnos. Los sentimientos de soledad, desprotección y nostalgia están siempre al acecho, las nuevas amistades son muchas veces circunstanciales al cuatrimestre que se esta cursando, y para alguien relativamente tímido puede hacerse imposible mantener aunque sea un dialogo de este tipo.
Y ni hablar del ritmo de las facultades, tan distinto incluso al secundario más exigente: en el caso de las privadas puede que te den una mano, pero si sos de aquellos temerarios que acaban estudiando en la UBA o La Plata, preparate para correr tras formularios, hacer malabares con horarios de teóricos, prácticos y seminarios, y rogar por no acabar en una de aquellas infames cátedras en donde el profesor es comprensivo y atento durante las clases… y demuestra su naturaleza sádica a la hora de redactar parciales, haciendo preguntas sobre las notas al pie de aquel apunte que ni siquiera te molestaste en conseguir (los reclamos, por supuesto, seran deshechados con alguna variante del odiado ’se hubiera preparado mejor, joven’).
Por si fuera poco, falta agregar el tema de la vivienda: a muchos les resulta virtualmente imposible, durante el primer año (el temido CBC para los ‘nuevos porteños’; o habiendo aprobado los cursos de verano en el caso de La Plata), disponer de siquiera un monoambiente con un colchón y un escritorio precario para acomodar los apuntes. Entonces es hora de analizar otras opciones menos glamorosas, si se quiere: una pensión estudiantil, la casa de un pariente (una tía muy copada, en el caso del que escribe), o juntarse con otros chicos en la misma situación para amortizar gastos (llegando a fin de mes, una cena de arroz “Shima-Uta”, sazonada con bolognesa en base a hamburguesas “Barfy”, y jugo en polvo “Tahitian Noni” diluido con agua de la canilla para tomar, será el colmo de una cena gourmet; aunque el ayuno es siempre saludable para bajar esos kilitos de más y ahorrarse la cuota del gimnasio, matando así dos pájaros de un tiro…).
Con respecto a la pensión, exije una búsqueda aún más complicada que la del departamento: son muchos los lugares en donde abundan los robos (ni se te ocurra caer con esa laptop que ligaste para tus dieciocho), la mala onda entre los propios pensionistas, o incluso la ignorancia criminal por parte del propietario de proveer servicio tan básicos como un calefón que no se apague antes de abrir la ducha, o una cama que no parezca comprada al telo de la vuelta tras años de infatigable servicio.
Una herramienta muy útil para evitar caer en una de estas trampas para incautos: hablar con los pensionistas que ya se encuentran alli y sonsacarles los datos necesarios, emulando al famoso detective de A.C.Doyle con preguntas del calibre de “Che… ¿y acá hay agua caliente?”. Herramienta que siempre falta en el caso de los alquileres, en donde no faltará la oportunidad de descubrir las bondades del alpinismo tras llegar del supermercado con las compras para todo el mes y descubrir que el ascensor esta, otra vez, fuera de servicio, y tu futuro inmediato incluye seis pisos por escalera.
Otras ventajas de la pensión por encima del alquiler radican en el papelerío (la mayoría de las inmobiliarias exijen un garante) y los costos (dos meses de comisión y un mes de depósito, contra el pago directo en el caso de la pensión). Por otro lado, el alquiler te garantiza detalles como no tener que improvisar tápers con candado para dejar la comida en la heladera y que no desaparezca al otro día, o una privacidad mucho mayor al momento de disponer de un lugar para pasar la noche acompañado sin reclamos futuros del voyeurista en potencia con el que compartís habitación.
Son situaciones nuevas, complicaciones que pueden parecer una gota de agua para la persona que nació y creció en uno de estos lugares, pero que fácilmente se transforman en ‘la gota que derramó el vaso’ para el resto de nosotros. A pesar de todas las precauciones que puedan tomarse, anécdotas contadas por hermanos/as mayores o visitas previas para ir conociendo la Ciudad con ‘c’ mayúscula… siempre va a existir ese factor sorpresa que, aunque primero nos haga querer sacar el pasaje de vuelta a Pinamar y la seguridad del lugar en donde todos te conocen, nos hace más fuertes e impermeables a los quilombos que la vida siempre tiene preparados para uno. Esperá sin desesperar, como dijo algún aforista, porque el viaje de ida es lo más enriquecedor que existe, y al final todo resulta en función de, precisamente, el final: egresarse.
Y ése es apenas otro principio.




Marzo 10, 2008 en 2:32 am
SOS GROSSOOOO SEEEBAAA…
Todavía me acuerdo cuando el tano caía con el kilo de arroz shima-uta que había conseguido por 3 pesos en plena crisis y le metíamos la bolognesa “bertozzi” o el pesto ese que nos regaló su abuela´…
GROSSA NOTA.
Marzo 10, 2008 en 7:22 am
ESTE TIPO SABE LO QUE DICE.
yo fui parte de un periodo rico de anecdotas con martin y seba, y todo lo que dice es verdad, hasta lo de las “BARFI” … si senioras y seniores en buenos aires hay hamburguesas de marca BARFI, un peso las 4 en ese entonces, ahora estaran a precio de dolar.
Cuantos buenos recuerdos, dentro de poco les mando yo mi historia.
saludos desde esta otra metropolis.
Marzo 10, 2008 en 9:49 am
Tizo! que bueno escuchar de vos querido.
Adhiero totalmente a la nota de Seba, yo por suerte tengo el familiar copado que me aloja, y safe de algunas cosas, pero mas alla de eso, me paso muchas veces de terminar en Villa Martelli por quedarme dormido en el bondi, que bueno, comparandolo con quedarte dormido en el Montemar, digamos que es bastante mas “heavy” (si me permiten el termino).
Marzo 10, 2008 en 1:14 pm
Faa… Así que es mucho más jodido por esos lares..
La gente que viene a Rosario no sufre tremendo quilombo. Es más: creo que les gusta.
La única persona que conocí de afuera y realmente extrañaba su pueblo y a su familia fue Carolina. Quien iba a ser mi futura esposa. Ibamos a vivir juntas. Terminó extrañando tanto que dejo la facultad y se fue a estudiar a un lugar más cercano a sus parientes y a sus conflictos con ese ex que le mandaba mensajitos de texto.
En fin, copada (y novedosa para mí) su nota S_b_st__n.
Espero jamás degustar una Barfy.
La vocalista.
Marzo 10, 2008 en 1:34 pm
Adhiero, a lo expresado por el autor de esta nota, reconocidisimo compañero, y me permito añadir que vale la pena enfrentarse a todo eso,sirve para madurar definitivamente y empezar a valorar todas esas cosas que aka te daban lo mismo, es parte de la vida de los Pinamarenses creo yo, que en busca de una formacion personal, de cumplir metas ,y ser “alquien en la vida” ,emigra; sin desmerecer a aquellas personas que deciden quedarse solos, con sus viejos, conyuge, concubino, hijos, lo que sea, en este humildisimo partido de Pinamar.
Marzo 10, 2008 en 11:51 pm
Si que pasaste por muchas hermano, eh… .
Lo que me lleva a pensar que el sufrimiento provocado por nuestra mudanza precipitada el año anterior, va a tener su recompensa al no tener que pasar por todo eso de la manera más solitaria.
Aunque bueno, si, pasarlo voy a tenerlo que pasar, pero al menos con mi familia, en mi casa, con mis cosas, y una buena experiencia en lo que se refiere a manejo de la GUIA T.
Un muy buen resumen, con advertencias incluidas, para cualquiera perteneciente a mi generación.
=)
Marzo 11, 2008 en 9:51 pm
Buena nota, no sabia que escribia Sebastian se ve que tienen buena relacion con las letras. Me gusto lo que lei muchas cosas son ciertas y otras por de mas exageradas, yo cuando vivia en maipu ala noche tomaba cafe con leche y galletitas de agua y nose.. esta buenisimo, personalmente y por cuestiones familiares de laburo etc etc. pase de un extremoa otro. del cafe con leche al asadito con coca cola y helado del piave.
todo lo que la vida te valla presentando es valido, ahi q tomarse las cocas con calma no desesperar y sacar el pasaje al abrazo constante en la arena.
por otro lado creo que es muy personal tambien, es realitvo a como uno se siente. con quien se tope etcetc..
creo que el estudiante universitario tiene que hacer incapie en la relaciones y saber clasificar las mismas. ya sean laborales, de estudio o lo que sea.
Bueno voy a intentar de a poco acotar en las diferentes notas secciones.
Un saludo para todos, y que tengan mucho exito en este nuevo proyecto.
Creo que e suna muy buena contribucion a la conciencia de los jovenes pinamarenses, que por x o por b estan estamos contaminados y mareados a veces con tanta cosa que pasa..
Saludos Martin.